Por Luis Martínez Alcántara
Un reciente estudio realizado por Mexicanos Primero y Fundación Naná revela que una de cada cuatro mujeres mexicanas, entre 15 y 19 años, ha experimentado violencia en sus relaciones de pareja. Este preocupante dato subraya la urgencia de abordar, detectar y prevenir la violencia en entornos escolares, donde muchas de estas relaciones se desarrollan.
El informe destaca la necesidad de implementar programas educativos que promuevan relaciones saludables y equitativas desde temprana edad.
La violencia en el noviazgo adolescente se manifiesta de diversas formas, siendo la psicológica la más frecuente. Según el Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) de la UNAM, tres de cada diez jóvenes en México reportan sufrir este tipo de agresión por parte de sus parejas. Estas conductas incluyen manipulación emocional, celos excesivos y control sobre las actividades y amistades de la víctima, lo que puede tener consecuencias devastadoras en su autoestima y salud mental.
A pesar de la gravedad del problema, solo entre el 4% y el 10% de los jóvenes denuncian las conductas violentas que sufren en sus relaciones. Este bajo porcentaje se atribuye al miedo a la revictimización y al desconocimiento de los procedimientos legales. Es imperativo que las instituciones educativas y las autoridades de salud implementen mecanismos de apoyo y orientación para que las víctimas se sientan seguras al denunciar y puedan acceder a la ayuda necesaria.
El entorno escolar juega un papel crucial en la prevención y detección de la violencia en el noviazgo. Los expertos señalan que es en las escuelas donde se deben establecer programas de educación emocional y de género que fomenten relaciones basadas en el respeto y la igualdad. Además, es fundamental capacitar al personal docente para identificar señales de alerta y actuar de manera oportuna ante posibles casos de violencia entre estudiantes.
La normalización de conductas violentas en las relaciones adolescentes es otro factor alarmante. Frases como “si no me cela, es que no me quiere” reflejan una percepción distorsionada del amor, donde los celos y el control son vistos como muestras de afecto. Esta idealización del amor romántico puede llevar a justificar comportamientos abusivos, perpetuando ciclos de violencia que se extienden hasta la vida adulta.