Ciudad De México, 04 de junio de 2026.- La relación entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, atraviesa un momento muy delicado, quizá el más tenso desde el regreso del republicano a la Casa Blanca, debido a la creciente frustración de Washington por el impacto de las acciones militares israelíes en las negociaciones para poner fin a la crisis con Irán.
Trump reconoció que criticó duramente al líder israelí durante una llamada telefónica y admitió que le preocupa que la ofensiva de Israel contra Hezbollah en Líbano complique los esfuerzos diplomáticos que impulsa con Teherán. El mandatario llegó a llamar ‘loco’ al líder israelí, aunque dejó claro que no considera rota la relación entre ambos gobiernos.
A pesar de las diferencias tácticas reconocidas públicamente por Netanyahu, quien aseguró que comparten los mismos objetivos estratégicos, aparecen señales de desacuerdos cada vez más visibles. El trasfondo de esta tensión es la negociación que Washington intenta cerrar con Irán, la cual se complica porque Teherán insiste en vincular cualquier acuerdo al fin de los ataques israelíes en territorio libanés, convirtiendo a Israel en una pieza clave para cualquier avance diplomático.
“Hemos trabajado muy bien juntos. Me cae muy bien Bibi. Y trabajo muy bien con él”, declaró Trump, reiterando su confianza en que las conversaciones terminarán produciendo resultados, aunque evitó fijar un plazo definitivo para un acuerdo. El mandatario busca acelerar un pacto que reduzca la presión económica global y estabilice los mercados energéticos.
Trump enfrenta además una presión interna creciente, ya que el conflicto ha elevado la incertidumbre económica, mantiene altos los precios de la energía y genera preocupación entre sectores empresariales y votantes estadounidenses a pocos meses de las elecciones intermedias. No obstante, no existe evidencia de una ruptura política entre los dos líderes.
A pesar de las fricciones, la relación entre ambos gobiernos sigue siendo una de las más estrechas del mundo, manteniendo coordinación militar, diplomática y de inteligencia. Israel continúa siendo el principal aliado estratégico de Estados Unidos en Medio Oriente, y la reciente renovación del alto el fuego entre Israel y Líbano, impulsada con mediación estadounidense, demuestra que Washington sigue desempeñando un papel central en la seguridad regional.