Ciudad De México, 07 de julio de 2026.- Paula Gómez Alonzo fue una maestra normalista y filósofa que, a sus 56 años en 1952, se desempeñaba como profesora titular universitaria y formaba parte del Consejo Mexicano de los Partidarios de la Paz, organización integrante del Consejo Mundial por la Paz (CMP), fundado en 1949 por la Unión Soviética y sus aliados.
En junio de 1952, Gómez Alonzo integró un grupo de cinco mexicanos encargado de preparar el envío de una delegación a la Conferencia por la Paz de los países de Asia y del Pacífico, evento realizado en el marco de la guerra de Corea. El colectivo estaba conformado además por Elí de Gortari, Rafael Méndez Aguirre, Edelmiro Maldonado y José Rogelio Álvarez. Los cinco connacionales firmaron el documento final preparatorio de la conferencia.
La delegación mexicana viajó al otro lado de la Cortina de Bambú, realizando un trayecto a través de Siberia que fue obstaculizado por las autoridades cubanas, quienes pusieron todo tipo de trabas a su paso por la isla. Debido a estos impedimentos, la maestra Paula Gómez Alonzo y otros dos integrantes del colectivo no pudieron llegar a tiempo a los trabajos de la conferencia, la cual se efectuó en Pekín del 2 al 12 de octubre de 1952 con la participación de 378 delegados de 37 países. A pesar de no asistir a las sesiones, Gómez Alonzo pudo viajar dentro de China.
El filósofo Elí de Gortari, quien fue alumno de Paula Gómez Alonzo y escribió una semblanza sobre ella, describió su compromiso como “la lucha activa por la consecución de los grandes anhelos de la humanidad: la paz, la justicia, la libertad, la amistad entre los pueblos, el acceso universal a la cultura, la educación popular, el mejoramiento de las condiciones de la vida humana, la difusión de las expresiones artísticas, la liberación de la mujer y la supresión de la violencia en todas sus formas”.
Sobre su experiencia en el viaje, realizado por primera vez en 1952, Paula Gómez Alonzo declaró: “La visita al gran país de Mao Tse-Tung, a la China nueva y progresista, ha sido para mí la mejor enseñanza y el mayor aliento en la lucha por la paz”. La activista añadió que conocer “de cerca el espíritu de superación del pueblo chino” y sus reformas fue “algo de lo más sorprendente para cualquier persona culta”.
Finalmente, la filósofa expresó sobre las relaciones internacionales: “Las afinidades que nos unen a China son tan potentes, que más que nunca lamentamos la extraña omisión de nuestras relaciones con este pueblo grandioso, que ha sido secularmente amigo nuestro y esperamos que muy pronto sea corregido este error inexplicable, para bien de ambas naciones”.