Por Redacción
Ciudad de Mexico, 17 de marzo de 2026.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intensificó la presión sobre sus aliados de la OTAN y la Unión Europea para que apoyen militarmente la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz, bloqueado por Irán en represalia por ataques previos de Washington e Israel. Sin embargo, las principales potencias europeas rechazaron de plano la propuesta, afirmando que no se trata de un conflicto propio y que no desean ser arrastradas a una guerra cuyos objetivos políticos consideran poco claros.
En declaraciones desde la Casa Blanca este lunes, Trump aseguró que muchos países se han mostrado ‘muy entusiasmados’ y están ‘en camino’ para ayudar a desbloquear el paso marítimo, aunque se negó a identificarlos. Simultáneamente, criticó a aquellos aliados a los que, según dijo, Estados Unidos ha protegido durante décadas pero que ahora se resisten a involucrarse. ‘Llevamos 40 años protegiéndolos y no quieren involucrarse’, afirmó, en lo que calificó como una ‘prueba de lealtad’. El mandatario había advertido previamente que la OTAN enfrenta un ‘futuro muy malo’ si no colabora.
La respuesta europea fue contundente y unificada. La alta representante de la UE para Política Exterior, Kaja Kallas, zanjó: ‘Europa no es parte de esta guerra, nosotros no hemos empezado esta guerra para la que los objetivos políticos no están claros’. Kallas recalcó que la intervención en Ormuz ‘está fuera del área de acción de la Alianza Atlántica’ porque no hay países de la OTAN en ese estrecho. Alemania, a través de su canciller Friedrich Merz y su portavoz gubernamental, fue aún más directa: ‘La OTAN es una alianza de defensa y no una alianza de intervención’, subrayando que ni Estados Unidos ni Israel consultaron a Berlín antes de lanzar los ataques iniciales contra Irán el pasado 28 de febrero.
La Unión Europea también descartó modificar el mandato de su misión naval Aspides en el mar Rojo para incluir el estrecho de Ormuz, una idea que había sido sondeada pero que chocó con la oposición de varios Estados miembros, incluidos Alemania y España. ‘Por el momento no hay apetito para ampliar el mandato de Aspides. Nadie quiere entrar activamente en esta guerra’, constató Kallas. Países como Italia, Grecia, Suecia y Dinamarca también confirmaron que no planean enviar buques de guerra a la región.
El bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial y el 25% del gas natural licuado, ha disparado los precios internacionales del crudo por encima de los 104 dólares el barril, encendiendo las alarmas sobre un posible repunte inflacionista global. La crisis también tiene graves impactos humanitarios. El Programa Mundial de Alimentos advirtió que, de extenderse la guerra hasta junio, 45 millones de personas adicionales podrían caer en riesgo de hambre debido al encarecimiento de los alimentos y las interrupciones en las cadenas de suministro.
Mientras Trump busca forjar una coalición militar ad hoc fuera de las estructuras de la OTAN, algunos aliados como Reino Unido y Francia exploran opciones limitadas de vigilancia marítima, pero insisten en que no se trataría de una misión de la alianza atlántica. El primer ministro británico, Keir Starmer, reiteró que su país no será arrastrado a la guerra contra Irán, aunque trabaja en un ‘plan colectivo viable’ para aliviar el impacto económico. La UE, por su parte, estudia alternativas diplomáticas, como replicar el acuerdo de exportaciones de grano ucraniano, pero la mayoría de los Estados miembros se opone firmemente a cualquier intervención que pueda escalar el conflicto.